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Categoría: Gastronomía/ Blog

Street Food en el Danubio

Salir de España y ver como en otros países disfrutan de la comida que ofrecen los puestos callejeros es toda una experiencia. Ya no hablo de lugares asiáticos que están a la orden del día,me quedo más cerca. Recuerdo que cuando vivía en Alemania me gustaba ir a la foodtruck que ofrecía pollos asados y codillos de cerdo con sus correspondientes patatas o kartofell salat. Te podías fiar plenamente y estaban muy bien hechos, de tal manera que ese día te asegurabas una “comida casera” ya hecha, que comprabas a la vuelta antes de llegar a casa.

Recientemente tuve la oportunidad de volver a Alemania y  la suerte de disfrutar de una de sus fiestas populares a las orillas del Danubio, “Internationales Donaufest”. Allí estaban reunidas por segundo año consecutivo todas las ciudades por dónde pasa el río Donau o Danubio, una fiesta de hermandad, dónde entre otras cosas se mostraba la gastronomía y la artesanía de las distintas zonas. 

Allí podías disfrutar de comida en la calle, street Food, elevada  a la máxima potencia. 
 
Lo primero que sorprende es el gran montaje que realizan,  la buena organización y la limpieza . A ello contribuye la ciudadanía, que nos llevan años luz en este aspecto, y la parte económica del “pfand”.
Allí el fan ( así suena ) no es un super aficionado a comer y beber, que sí también, sino la moneda que pagas por el plato dónde te llevas la comida, que es de cerámica, o la cerveza en vaso, que es de cristal  y que si quieres recuperar tienes que volver a dejarlo dónde lo compraste. El Pfand cuesta dos euros ( dos por plato y dos por vaso ) y  así, no hay mal vaso o plato por el suelo, ni cubo de basura en el que se acumulen los plásticos. 
 
La mayoría de los puestos están muy bien currados. No les falta de nada para realizar las especialidades culinarias y algunos con sus magníficos hornos seguro que serían la envidia de muchos restaurantes . En las imágenes podréis apreciar a qué me refiero. Uno de los hornos que más me llamó la atención, fue el de las especialidades bábaras; cabían tres cerdos enteros espetados ( y no os imaginéis los típicos cochinillos, no. Estos eran grandes ) y varios pollos. En cuanto a la estética, una gozada. Rústicos con gusto. Especialmente me llamaron la atención unos puestos creados con cocinas económicas antiguas y mesas de cocina de las de antes , con sus correspondientes troncos de leña. Para pasar bien la comida que se ofrecía , contábamos con la cerveza Gold Ochsen ,muy bien tirada y algunas variedades de vino . 
 
 
En cuanto a las viandas, qué gozada, qué ricas , bien cocinadas ,presentadas y con un precio razonable. La oferta era muy variada y de países de distinta procedencia. Lo más bonito era ver cómo elaboraban en directo, delante tuyo ,las distintas masas, platos y acompañamientos. Lo disfrutabas con la vista, con el olfato y se te revolucionaban las papilas gustativas ya antes de probarlos. El ambiente festivo y tranquilo ,con un tiempo estupendo , también ayudaba bastante.
 
Paseando por esta feria se podía disfrutar de su famosos codillos de cerdo con ensalada de patatas, de  los “Dinnele”, todo un descubrimiento de esta especialidad bávara que se asemeja a una pizza alargada con queso,tomate,calabacín,pimiento y más ingredientes al gusto.
Las truchas a la parrilla o “Gregilte Forelle “ nos las ofrecía el puesto húngaro que estaba a rebosar y no paraba de darle a las numerosas parrillas con forma de pez. Otro puesto también nos ofrecía sus especialidades dulces, el  kurtoskalacs , un bizcocho dulce muy enrollado que podía ir con diferentes toppings, almendra,avellana, azúcar o virutas de caramelo. Una delicia, y repito daba gusto ver cómo elaboraban la masa delante tuyo, le daban la forma, lo metían al horno, le daban el punto y te lo servían. 
 
Gusta ver cómo se hace la comida y se disfruta más si luego la degustas, te la comes a gusto recién hecha. Los veganos también tenían sus puestos de salchichas y hamburguesas, y también cabía la posibilidad de comida jalal, de disfrutar de un auténtico sauerkraut, un kessel gulasch, y cómo no, los bratwurst  con todas sus variantes. 
 
Comer y beber une, es una gran costumbre que tenemos en todas las culturas y de la que nos gusta disfrutar en compañía de los demás. Las mesas largas con sus largos bancos flanqueándolas daba pie a que establecieras conversación con los comensales aledaños aunque no los conocieses.  El recuerdo que yo guardo de los ciudadanos alemanes bávaros es muy grato, y rompe el estereotipo que se tiene de los mismos. No son para nada fríos, es gente cálida, educada y en la mayoría de los casos siempre dispuesta a ayudarte.
Adelina Mulor para www.larezeta.es
 
 

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